Las gotas de lluvia obedientes de la gravedad, cubrían la ciudad; llena de melancolía y recuerdos, mientras meditaba ¿acaso hay algo más delicioso que quedarse enredada entre los brazos de la mujer que amas?, mirar por la ventana cómo las flores del jardín se cubren de brisa, ese aroma a tierra mojada que se escurre por los orificios más pequeños de las ventanas y le hacen el amor a ese aroma suave y delicado de la madera ardiendo en la chimenea.
Así es nuestra relación, ardiente y húmeda, dos distintas mujeres compartiendo el más volátil e intenso sentimiento, cada día vale la pena nadar a contra corriente de la mano, para al final del día encontrarnos mojadas, cansadas, plenas, abrazadas y juntas entre sábanas que podrían gritar nuestros nombres, cada pliegue en la piel, cada arruga que aparece en nosotras agrega una página más a la larga historia que seguimos escribiendo.
gracias a Karen Cymerman por los arreglos.
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